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Mostrando entradas de diciembre, 2012

Negrura y el Fin de Año

No encuentro mejor manera de cerrar un tan prolífico y excelente año que subir este poema que creía irremediablemente perdido. La importancia de este pensamiento es que es producto, de hace muchos años, de un Cadáver exquisito realizado con mi gente de 'La Sala' (they know who they are). En ese momento el poema resultó ser un éxito, por lo que me angustió el tenerlo perdido tantos años. Hoy, en el último día del 2012 dedico esta entrada a mi gente, los que me han formado y deformado también. Sin el contacto con ellos hoy sería otro.
El próximo año espera paciente con un montón de premios, regalos, deseos y también con la cuenta que ello genera, pero sin lugar a dudas el siguiente se vislumbra como el mejor año, cuando menos hasta que el 2014 llegue ofreciendo una cornucopia más abundante. Gracias miles a quiénes con sus discretos recorridos por mi blog me motivan a ser parloteando, enriquecen el eco de mis palabras tercas. (:
¡El Año Viejo ha muerto! ¡Viva el Año Nuevo!:

No e…

El fuego de la noche

"Tus ojos eran piedras encendidas"  Esa madrugada -  La Barranca Jugar con fuego es una cosa. Pero jugar dos personas a intercambiar el fuego con rápidos movimientos, tretas y pretendiendo que el otro trastabille y pierda el control es buscar que ese fuego perdido los consuma a ambos. Y de hecho, parece que a veces ese es el objetivo: cometer un error, encontrar con la punta del pie la loza suelta del piso, caer en el fuego y jalar al otro consigo. Estos juegos casi autodestructivos son en realidad el soporte que da origen a muchos de los grandes y memorables momentos de la vida. Poner el cuello en el filo del acero por diversión puede darte más vida de lo que cien vueltas al sol te permitirían acumular (o gastar). Así como algún graznido aterrado puede indicar que al bosque se aproxima un incendio devorador, la vida nos da avisos en ocasiones nada sutiles sobre los cambios que se avecinan. Y a veces el Juego Ígneo es el que vaticina o detona las calamidades (nótese que con c…

'La Resistencia' de Ernesto Sabato

Recién me regaló una persona importantísima en mi vida el libro de 'La Resistencia' del inigualable e inalcanzable Ernesto Sabato, uno de mis SERES favoritos. Pese a que, claro, no tuve el honor de conocerle físicamente. Esto no importa en realidad ya que le conozco a través de sus libros, y es el único que ha llegado a conmoverme en serio, hasta la médula. Acabo de terminar el libro, y siento que existe tanta sabiduría y advertencia real en él que creo que sacaré de él varios extractos para ponerlos en este espacio y que lleguen a un poco más de gente. Incluso si se trata de una cita de medio renglón, puede cambiar su visión de las cosas. Por ahora, de entre todas las cosas que quise anotar, transcribir, extraer mientras leía, atiné a guardar ésta debido a que es de las más extensas y siento que resume bien esta parte del libro que esta dividido en 5 cartas que el Maestro argentino dirige a sus lectores. En el libro, Sabato advierte sobre el vértigo de la vida de hoy, el vac…

Prejaque

"...reach the dizzy heights of our dreamed of world"  High Hopes - Pink Floyd
De plano como en una partida de ajedrez gigante. A veces para mi el mundo es así: un montón de caminos que se abren a partir y frente a uno. Algunos son trincheras, otros son líneas donde se concentra el fuego cruzado. La mayoría lo llevan a uno a donde quiera, si es que sabe a dónde quiere ir. Sin embargo, la mayoría, como en el ajedrez, requieren un costo, a veces no sólo de tiempo o espacio...a veces la moneda de cambio es el sacrificio. Los pasos que uno deja se convierten en caminos nulos (o así deberían ser) porque si bien en el ajedrez se puede uno echar para atrás en 'retirada estratégica', en el diario cotidiano generalmente la casilla que uno acaba de dejar se convierte en lava, como solía jugar cuando niño. De ahí que uno puede quedar atrapado, ser herido y hasta perderse si no sale de esa casilla del pasado, marcada con una luz roja. Incluso en ocasiones dicha luz va avanzando; p…
Nunca tantas ganas de cometer un error

22/12/2012

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Sobrevivimos a un verdadero cataclismo: La nada. Así es. Transcurrió el 21 de Diciembre de 'pe' a 'pa', como decimos aquí...y nada. Yo, en lo personal, acepto que esperaba ser testigo de algún evento cataclísmico inconmensurable y espectacular. Incluso duré un rato mirando por la ventana, "en cualquier momento se partirá el cielo, se llenará de fuego, el piso rugirá y se abrirán sus fauces infinitas y sin fondo". Nah. Sin embargo, esto no era más que las ganas de ver destrucción y ruinas. Sinceramente. En el fondo sabía que nada de este tipo de cosas sucederían. Pero nos gusta la terquedad y no la resignación. Eso es bueno, en parte, supongo. Simplemente debemos reconocer que no hay que achacarle a una civilización antigua el advenimiento del acabóse. Además se dijo desde le principio: se trata del fin de una era (espacial, tal vez una configuración celeste de que eramos parte) para dar inicio a otra. Esto jamás ocurre de un día al otro, quién sabe y la semi…

Revelación

Se trató de una revelación compartida. Aunque me pregunto si se sigue llamando revelación cuando ambos dialogantes ya sabían lo que se decían y nada más se hacían tontos. ¿Será? Los secretos a voces, a veces ensordecen. Y definitivamente, los que se comparten pueden volverse como tumultos rampantes en las cabezas cómplices. Sobre todo si es la misma historia la que se cuentan, con los mismos personajes: ellos mismos. Algunas pobres personas sordomudas necesitamos que nos comuniquen los deseos ajenos con letreros y dibujos, porque, como bien sabemos, eso del diálogo nos queda medio velado por las brumas de las miradas (y oídos) ajenos. ¿Puede decirse, repito, que uno le revela a otro algo que éste ya sabía? ¿Y puede aquel decir que devuelve el gesto de complicidad con el primero, siendo que también ya conocía el supuesto secreto? Rara vez vemos revelados así nuestros tesoros y nuestra mugre. Es por eso que se vuelve una verdadera catarsis el compartirlos. ¡Ahora imaginen el gozo e inc…

Tras la caída

"Al principio o al final, la angustia es la pérdida de la verdadera identidad" - Ignacio Solares 
Me quitan las ganas de tener ganas.
Me quitan hasta el respirar y el ansia se aprisiona en las arterias.
Me han quitado hasta el barro del agua y la sal del sudor.
No sé qué pueda quedarme de vestigio grato en este páramo non grato.

¡Nada como leer sobre la muerte para recordar desde lejos la vida!

100% idiotizante

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Worm drink

La bebida del gusano vive. La bebida. El gusano obviamente hace rato que no. Y el sutil abrazo del calor repentino despierta los fantasmas propios y los que viven clavados en el suelo, en la carretera.
¡Ahí quédate y no te levantes, perra!
Me digo a mí mismo, y como buen hijo de la chingada me ignoro, me levanto y tomo otro vaso lleno del elixir.
La curandera, joven blanca de pechos shamánicos (curativos, pues), me levanta de los cabellos (los suyos, los cuales sigo por su aroma como pez idiotizado por la carnada) y no sólo me dejo llevar...salto en el bote de la pescadora sonriente.
La arena negra sobre la que nos exorcizamos mutuamente es suave, redonda (como ella) y brilla con el fulgor del fuego vecino (no brilla tanto como la piel de ella).
Y finalmente, mente vacía, aire extirpado, conciencia tranquila y vaga, me acerca por sorpresa otro vaso del medicamento, pero esta vez el gusano nada alocado y viéndome con mirada retadora.

¿Será?

Escucho música furiosa. Pego baquetazos al aire y lo hago retumbar en mi cabeza. Mi ser lleno de endorfinas y demás drogas aún legales y de producción autosustentable en el cerebro. Y recuerdo (y siento todavía los halos) del placer intenso de hace horas, antes de correr media ciudad, sin aliento pero con una fuerza que me asustó.
Me veo mientras yacía en el bosque, jadeando extenuado, y cómo la visión de mi propio futuro vino a mi casi como si lo pidiera y a la vez se lo impidiera (¡oh, sí!). Me vi recostado igual, rodeado de otra piel y consumido por un fuego igual de intenso pero distinto.  Pero sobre todo: A varios miles de kilómetros de aquí.

Nicanor Parra

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Cut me like one of your french fries