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Mostrando entradas de mayo, 2017

Labios de grana

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Supuración
valiosa como el oro
que impregna la boca:
un par de labios resecos que insistes en deformar como sonrisa.

Se tiñen tu barbilla y tu cuello magullado
en una espiral sensual y decadente.
Las líneas rojas desvían mi vista,
encajonan mi campo de visión
borroso e indolente de por sí.

No pareciera cierto lo que apenas sospecho
y por eso me dejo envolver en tus plumas largas.
En un arranque de fiebre estúpida
te pido que me desgranes,
como al maíz,
con tus garras de águila.

Me entrego como serpiente inútil,
como lagarto helado que espera a que el sol salga.
Y miro desde mi escondrijo
asustado pero esperando
que, sin mayor dilación,
te metas al agujero conmigo.

Otros me lo advirtieron
aunque ellos mismos no se hicieron caso:
A esa violenta dama
de labios color de grana
no te le debes acercar,
menos dejar que su abrazo te confunda.
Porque con la misma calidez que abrasa
y te acoge en su lecho,
te sofoca,
te asfixia,
te tortura,
te secuestra,
te apuñala,
te disuelve,
te cuelga,
te de…

Madre Oscuridad

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But even so, one day the flames will fade, and only Dark will remain - DS Desde pequeños, desde hace siglos, desde que el ser humano se inventó prodigios para explicar los fenómenos más allá de lo que su mano con pulgar oponible podía asir, se nos ha enseñado una grandísima y única verdad. Una certeza tan sólida que no conozco el caso de una religión, de un sistema de creencias, de una corriente filosófica —aunque esta rama es la que más se acerca al fruto del que hablo— o siquiera de un grupo de gente que, con un corpus bien armado y las secuencias lógicas que le permitan mantener la idea de pie, rechace, por su opuesto, la dicha máxima: la humanidad proviene de, busca, desea o anhela la Luz. La Luz representa al Bien, valor universal —universalmente ambiguo, en realidad— al que supuestamente todo ser humano quiere o debe aspirar: la Luz como símbolo del logro máximo, la trascendencia, el alejamiento de los bochornosos orígenes, como fin último.
¿Nadie se ha puesto a pensar, por un m…

Prédica dominical de lunes por la tarde

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Últimamente me he dedicado mucho a pensar en lo ridículamente ambivalentes e indecisos que somos los humanos. Creo que mi trabajo posterior (sea que llegue a publicarse o no) tendrá trasfondos de esa naturaleza. No porque haya descubierto el hilo negro. Ya lo he dicho, tanto explícita como metafóricamente: para mí el mundo y el universo en sí son la conjunción armónica de opuestos que se suceden en ciclos equitativos en duración y magnitud, más o menos, pues. Pero ese es el orden en apariencia caótico del universo, según nuestra corta vista nos deja imaginar.
El humano parece haberse dedicado —desde que una chispa, ya de fuego, ya de conciencia, alma o espíritu se encendió en su cerebro y le hizo preguntarse qué o quién o cómo o por qué es lo que es— a llevarle la contra a la Naturaleza en dicho orden supuestamente caótico. Si no se acomoda a lo que nosotros entendemos como deber, o bien, o propósito, lo desechamos. ¿Y para qué? Para luego añorar lo que se ha perdido.
Francamente som…