Labios de grana

Supuración
valiosa como el oro
que impregna la boca:
un par de labios resecos que insistes en deformar como sonrisa.

Se tiñen tu barbilla y tu cuello magullado
en una espiral sensual y decadente.
Las líneas rojas desvían mi vista,
encajonan mi campo de visión
borroso e indolente de por sí.

No pareciera cierto lo que apenas sospecho
y por eso me dejo envolver en tus plumas largas.
En un arranque de fiebre estúpida
te pido que me desgranes,
como al maíz,
con tus garras de águila.

Me entrego como serpiente inútil,
como lagarto helado que espera a que el sol salga.
Y miro desde mi escondrijo
asustado pero esperando
que, sin mayor dilación,
te metas al agujero conmigo.

Otros me lo advirtieron
aunque ellos mismos no se hicieron caso:
A esa violenta dama
de labios color de grana
no te le debes acercar,
menos dejar que su abrazo te confunda.
Porque con la misma calidez que abrasa
y te acoge en su lecho,
te sofoca,
te asfixia,
te tortura,
te secuestra,
te apuñala,
te disuelve,
te cuelga,
te desmiembra,
te aplasta,
te atropella,
te desaparece,
te entierra,
te desmemoria,
te revende,
te doblega
y te exprime,
todo de tal manera que,
mientras te aplasta entre los dedos,
como inofensiva cochinilla,
te hace decir que la amas.

«Asta bandera»  de Daniel Lezama. 2010, tomada para mero acompañamiento de: http://www.drexelgaleria.com/artistas/daniellezama/semblanza.html
Créditos al autor

Comentarios

Entradas populares de este blog

Prédica dominical de lunes por la tarde

La maldición de decidir