miércoles, 11 de febrero de 2015

The Comfort Zone

Careless
Reckless obscenities that dress themselves with glittering clothes
Poison in bottles of licquor, of sweet vanilla, coconut and pineapple
The teeth that bites softest, that makes you ask for another piece
to be ripped from your neck, from your shoulders

The deadly comfort zone
where dreams die under motionless hammers
where people grow downwards
like trees
like coffins that explore the soil.

The wildfires are chanting
After the brief rain the air is scented with the smell of wet earth, wet stones,
water filtrating through the nerves of the land
irrigating its veins, again

Death most be such a delightful peace...beacuse no dead has ever came out from it, from that eternal comfort zone


lunes, 2 de febrero de 2015

Claroscuridad

Colisionaban las partículas
Generábamos haces luminosos de entre las grietas
A partir del polvo surgían las llamas
El flash de sus ojos y las sombras en los míos se retrataban
Le daban volumen a las ganas
Con cada gramo de luz se quemaban los granos de sal
se incendiaban los poros
se dibujaban las señales
los recuerdos en se manifestaron entonces en el humo
Literalmente, nuestra memoria se formó de carcasas quemadas
se cadáveres marchitos que se hicieron chiquitos y retorcieron conforme los consumió la luz.

Se cree y entiende que la oscuridad es mala. Pero es igualmente perjudicial el exceso de luz.

Antifilosofía Universal para tratar de comprender a la Humanidad Contemporánea

Tengo un proyecto nuevo. Uso este espacio sólo para bocetarlo antes que se me olviden más de los hermosos detalles nonatos. Quiero emular a los grandes filósofos de la antigüedad, de la remota noche en que los hombres de verdad intentaban entender qué carajos era la vida, qué demonios eran responsables de los movimientos, de los sentimientos, de cómo comportarse y por qué cada quién era un universo chiquito cuando todos se parecían tanto entre sí, físicamente. 
Sí, quiero hacer el Tao del Siglo XXI, o el confucionismo de la era del WiFi y el sexo de unas horas. Voy a desmenuzar lo poco que conozco de vida, en sus rasgos universales, OBVIO, desde mi personal punto de vista. Es decir prepárese para filtros no sólo de sarcasmo, ironía, odio llano, desbordante idolatría. Tal vez caigan a este mantel bloggero algunas escorrentías del proceso de cocción de aquel Grand Tome, que espero que llegue a ver más luz que la de mi cuarto donde tengo mi computadora.

jueves, 22 de enero de 2015

El juicio de la coladera

Soy un prejuicioso. Un prejuicioso de lo peor. Pero debo reconocer que no es enteramente mi culpa. O al menos hay un detonador que favoreció el florecimiento de este desagrado instantáneo por otros en mi ser.
Todo comenzó con el don con que fui dotado desde el nacimiento. Un don de lo más nimio y hasta ridículo: con sólo ver a una persona, una hojeada general pero con enfoque especial en los rasgos de la cara, puedo determinar al instante qué clase de persona es, sus reacciones, sus creencias, su modo de actuar, su personalidad, sus gustos, sus disgustos, sus vicios, su léxico, su ascendencia...En pocas palabras soy de esos que con ver a alguien unos segundos saben de qué clase de persona se trata. Claro esto es en un rango general pero muy muy pocas veces he errado en mis juicios instantáneos. Casi nunca, de hecho.
Parece, como dije, un don de lo más irrelevante. Pero he sabido utilizarlo para mi provecho personal. He evitado personas que eventualmente se convirtieron en el dolor de cabeza de otros, en las piedras de sus zapatos y yo sólo los veía luchar por zafárselos desesperadamente. Me ha sido útil para saber acercarme, a veces inconscientemente, a personas que me han terminado enseñándome cosas valiosas y nuevas, incluso a veces contra mi propia voluntad o gusto. Gracias a este olfato ciego me he escapado por muy poco de verdaderas situaciones de peligro: asaltantes, bandoleros, ebrios y lunáticos. En fin, de gente que de haber tenido la oportunidad de acercárseme hubieran intentado agredirme en dios sabe qué formas.
Por ello es que soy un prejuicioso. Total y concienzudamente. Mi instinto filtrador se ha ganado mi confianza total cuando se trata de conocer y reconocer a algún extranjero. Por ello admito a grandes voces que soy desdeñoso con la gente que me parece debo alejar de mi, con los malvivientes y los transgresores, con las escorias, ratas, sanguijuelas y demás parásitos de la vida, de la humanidad y de la sociedad.
Esto tiene algo de bueno, en especial si es que tú que lees esto me conoces. Si te considero mi amigo, o un buen conocido y aunque no te llame, escriba o contacte en mucho tiempo, siempre que no te desdeñe abiertamente siéntete orgulloso porque quiere decir que no eres cualquier persona (y como ya explique no es criterio mio, sino del regalo divino que mi instinto tiene como olfato).
Todo lo contrario, eres alguien que ha pasado un filtro muy estrecho donde sólo ciertas personas (no sabría definir ahora mismo los rasgos esenciales que definen a quienes cruzan el tejido de mi misantropía) tienen la cualidad de estar. Y eso quiere decir que eres una "buena persona" a grandes rasgos. Una "buena persona" en términos generales universales: puedes ser blanco, moreno, negro, amarillo, verde, azul, enano, gigante, mujer, hombre, quimera...la verdad no importa qué comas o por dónde lo comas. Lo que importa es que soy un juez inflexible y si has pasado la prueba, has también de hacer lo posible por no permitir que mi instinto cambie de parecer respecto a tí.


lunes, 19 de enero de 2015

The crops

Imagen de "Over the Garden Wall" de Cartoon Network
Danzaban. Los niños calabaza saltaban de puntitas entre los cultivos dorados, chispeantes.
Sus dientes dibujados con cuchillo se torcían en sonrisas pulposas y en cantos de muerte y campos eternos.
La familia miraba desde el porche. Sentados en mecedoras crocantes. Sentados en semicírculo. Contemplando la danza entre niños y cultivos. Debajo yacía el resto de la familia y siendo la época propicia esperaban acercarse lo suficiente para que ellos, en sus celdas eternas bajo tierra los escucharan y se unieran a la fiesta.
Otoño.
Esa época del año en que los muertos vienen a vivir un rato y los vivos abrazan la muerte y bailan chocando sus mocasines pero sólo como promesa de danzas eternas por venir.
Las hojas se arremolinaban y bailaban también como los arcos de mil violinistas en una orquesta de fantasmas.
Curiosamente la noche no parecía querer descender al mundo. Se demoraba tal vez por miedo, tal vez por precaución. Pero inevitablemente llegaron los últimos rayos del sol y los parientes, incluso los más lejanos se abrieron paso entre el sedimento y los granos para unirse a la fiesta que en realidad apenas comenzaba. 
Los gritos llenaban aquel campo que palpitaba al ritmo del choque de los huesos, del crepitar de las flamas, al ritmo de amores muertos que revivían para reconocer sus descarnados muslos, sus falanges desnudas. Más que sentir lástima por lo que faltaba sentían que ahora eran capaces de entregarse mutuamente por completo, sin ataduras cárnicas o limitaciones físicas que impidieran a sus almas entre mezclarse y salpicar de entre los costillares, asomarse juntos entre unas quijadas, abrazarse a un esternón, jugar con las falanges restantes en cada mano. Y es que muchos de ellos descubrían que en la muerte, luego de la vida, el amor que se profesaban dos almas alcanzaba a perdurar pese a la tierra, pese a los gusanos, pese a los días y pese a las tantas noches sin sustancia.

jueves, 8 de enero de 2015

De entre ciclos

Hay algo que a mi me mueve, aún dentro de mi arraigamiento tenso. La muerte de un año y su renacimiento inmediato. Sí, el cambio de año es un gran símbolo para mí que creo en las cuestiones de la renovación del espíritu, del acrecentamiento mental y del envase cárnico que nos sostiene.
Imagino la trayectoria del planeta Hogar danzándole en elipses al Sol, nombre común de nuestra estrella amarilla y pienso en lo espectacular de encontrarme en el mismo punto del espacio donde estuvimos 365 días atrás. Claro, figurativamente porque la Galaxia rota, nos hala a su centro, además de que esta se desplaza hacia otras galaxias y este movimiento se acrecienta exponencialmente y, bueno, en realidad estamos muuuuuuy lejos del punto exacto donde estuvimos 365 días antes...pero saben de qué hablo. 
Y ese volver a empezar, sí, en un punto arbitrario de la Nada Suprema, me parece magnífico. Es morirse y renacer un poco. Es la lluvia de acordes de violines desde el cielo, trompetas en la tierra, percusiones desde el mar. Porque llegará un día en el que por una de entre millones de razones nuestro vehículo planetario ya no completará nunca más esta vuelta, ya no hablar de la Galaxia que también se dirige a un colapso insalvable, salvo que el tiempo, o mejor El Tiempo se termine antes de que ocurra la Colisión.
Somos escombros de un choque mayor, y como escombros estorbamos, ensuciamos, ahogamos y pronto llegarán a terminar de demolernos, barrernos, y tirarnos por la ventana metidos en una bolsa.
Yo en lo personal no renegaría de encontrarme ahí, vivo, consciente en el momento en el que se apague la Gran Luz. Abrazar la Oscuridad Completa, ser en verdad nada y todo a la vez pero en La Muerte de la Muerte, como diría Saramago. Una muerte mayor que la de los humanos, la de los perros, la Muerte que se llevó a los Dragones y las bestias. La Muerte de las Muertes y todo implota como devorándose a sí mismo.
Y he aquí que giramos como trompos sin dueño ni cordel y sólo una oportunidad de disparo. Ay, que la obviedad de la vida se nos pasa entre los dedos y deja de girar pronto y se nos muere intentando hacerla bailar en nuestra palma.

lunes, 22 de diciembre de 2014

Una gota entre las rocas

Sos como una gota de agua que nace al abrirse paso entre las rocas. Desemboca de entre la arena y los filos para emerger en forma de manantial, de laguna, de río caudaloso.
Sos como el oasis en el desierto que resguarda entre sus dátiles la vida que le ha sabido esconder a las arenas ladronas y escurridizas.
Sos la verdadera torre de marfil, sos algo mejor que una inmaculada virgen sin la gracia de la desgracia humana. Sos mucho más que una constelación mareada en el ciclo del cielo.
Sos artesanal. Sos hecha a mano, un accidente controlado o la metodología aleatoria de la belleza que brota de la pudrición y la necrosis.
Sos un diluvio.
Sos un pozo frío, reconfortante. Sos la noche en alas suaves corriendo sobre el perfume del sudor a la hora del estruendo.
Sos mis sábanas y mi cama y mi cuarto y mi almohada y mi aire y mi ventana al mundo y mi luna en el cielo y mi silencio atronador.
Sos mía y yo tuyo.
Sos lo que sos por oposición a aquello que te quisieron imponer. Sos el reflejo luminoso de una sombra a medias.
Sos la que sonríe dentro del agua con labios de fuego
Sos la chispa y yo el viento que aviva las flamas del fuego.

Somos el brote que nace luego del incendio.