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Mostrando entradas de octubre, 2013
Clasicismo de lata.  Cacharros inservibles que se acumulan en la nevera en que se ha convertido mi mente. Basura antropófaga recorre las calles disfrazada de personas. Personas basura para acabarla de joder.
Y al fondo, en la luz sucia que se escurre al fondo del callejón, tu silueta se recorta. Alta, efímera, traicionera.
Muchos años de sangre y astillas nos llevan aquí. Al momento frenético en que las pulsaciones de la vida se interrumpen en tu cuerpo...

El Demonio de la Lujuria

¡Asmodeo! ¡Que nos hagamos y nos deshagamos según tu voluntad!
Consúmase en el fuego azul toda mi conciencia.
Déjame calcinar
Blanquearás mis huesos con la brasa de tu lengua

Siente cómo me materializo detrás de ti
Siente mis dedos de humo sujetándote por los hombros
los brazos
tus caderas
Por encima de la sábana que comienza a achicharrarse
Que comienza a exponer a mis dedos rojos tu piel
palpitante
a punto de gritar
tu piel bajo una tensión casi eléctrica
el aire se llena de chispas

Como nieve, comienzan a revolotear las luciérnagas de fuego
ascuas que se arremolinan a nuestro al rededor
El crepitar del colchón
El cántico de tu cuerpo que me invoca
El humo que brota de las fosas nasales
De la boca
Miles de voces que se unen al cántico
Coro de almas perdidas
Muertos en un orgasmo infernal
y glorioso
y helado
e infernal

El País de las Nubes

Pues ya había puesto yo la mente en blanco. Ya había sacado mi vida de la maleta y la había regado por la habitación. Como me gusta. Ya había captado el movimiento del aire y el sol, la danza de la Vía Láctea aquí en el país de las nubes.
¿Cómo podría no hablar de ciclos, de no-coincidencias, de señales obvias y momentos de ruptura y continuación?
Llega mi cumpleaños. Los días corren rápido. Festejo adelantado, el mejor de mi vida, creo. Nace una adicción peligrosa. Me dejo atrapar entre los dedos de la corriente. Me entrego al reverberar de las campanas del templo de Santiago.
Los enfrentamientos a mediodía, verdaderas batallas campales que tenían como objetivo el evitar pagar la correspondiente Coca-Cola® bien fría,para reponer los carbohidratos quemados bajo el sol mixteco (siempre que no estuviera nublado, claro).
En esta bitácora no me despido de nada ni nadie. Digo "hasta muy pronto" a esta región tan bella del pinche país chingón y también chingado en que me tocó nace…

Mezcal

A veces el Tiempo (con mayúscula) no más no camina. Se toma su tiempo (sin mayúscula) como lo hace el mezcal en la sangre.
A veces la desesperación carcome la médula y deja hueca la razón.
Ese trago lento de caldo destilado, luego de parecer manso, lo manda a uno derechito al suelo.
Y a veces lo manda a uno al cielo. Entre las nubes etilicas que circundan las caderas femeninas.  Entre un par de muslos bien tiernos gracias a las últimas lluvias.
A veces la soledad nos convierte en los peores profetas. En los mejores perdedores en una tierra llena de disonancia, jolgorio, muerte y agua.
Todo al unísono.  Como canto de trombón embriagado.
A veces se eleva el espíritu, como en un cliché snob, entre vapores de amargo, de aguardiente, y entre el aliento hipnótico que emerge de entre los labios supuestos de la boca de la botella.