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Mostrando entradas de marzo, 2011
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Mi ocio no es razón de falta de actividad, pensé. Mi falta de actividad es fruto de la importancia que le doy a mi tiempo de ocio.
Bendito el humano que dejó de arar la tierra y se puso a pintar sus manazas en casa, mientras trataba de plasmar sus demonios y no siguiendo la moda del vecino sino imponiendo la propia.


"finding beauty in the disonance"


Pequeña muesca en el cerebro que diferencia a los hombres irrisorios de los Monstruos y Titanes que llamamos "genios".

Falla del circuito

Comer y mantenerse en forma. El ejercicio regular produce las endorfinas necesarias en el individuo para que se mantenga optimista incluso frente a las toneladas de rutina y el "estrés" a que se le somete a cada tanto. Se controla al sujeto para que se mantenga alejado de vicios nocivos como el cigarro y la droga; no se le aleja del sexo, pero si se le ha erradicado el vicio mortal del amor. Llega a casa y no por simple coincidencia enciende la televisión justo cuando va comenzando su programa favorito. Horas después, al sonar el comunicado en las calles de que ha llegado la hora de dormir, apaga el aparato justo a mitad del noticiero "imparcial" con que se entretiene su mente antes de dormir. Se detiene un poco en las noticias trágicas y sentimentales. Por la mañana recorre sus habituales 3 kilómetros a medio trote, codo a codo con los vecinos de su cuadra. Platican entre sí mientras miran al frente. Está feliz hoy y eso le da energía para un pequeño sprint con el qu…

Deliró

Deliró. Y con razón. Si lo que sus ojos dejaban pasar a su interior nadie antes lo había visto, ni nadie lo volvería a ver. Cuando menos no con el mismo significado que el que él le daba al portento. La tierra se abrió como boca hambrienta. De su interior surgió una mujer. "¡Y qué mujer!" se sorprendió pensando y luego reprimiéndose por el lapsus. "Serán los nervios" dictaminó. El alcohol en su sangre terminó empujándolo y haciéndolo caer sentado al piso. -Necesito tu corbata- expresó la mujer con voz gruesa cuando ya tenía la dicha prenda en su mano. Desde luego el pobre borracho no pudo más que abrir los ojos tanto como la soñolencia se lo permitía. Luego retrocedió al agujero de que provino y que se rellenó al instante. Allí no había pasado nada, y el ilustre parroquiano sabía que no había cómo demostrar aquella ruptura del régimen de verosimilitud. Caminó tristemente de regreso al pueblo. No reparó en el camino que seguía hasta que se descubrió de vuelta en la cant…