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Mostrando entradas de agosto, 2010

¿Algo qué decir?

Hoy abrí una lata sin etiqueta que encontré tirada entre papeles y ropas sucias a la orilla de la cocina. Difinitivamente lo mío no es la limpieza. Ni el orden. Poco menos, la higiene. Otra vez por la noche perdí el control y desperté en el suelo del espacio mencionado sintiendo la espalda molida. Como si hubiera cargado un gran peso. Pronto percibí que tenía la sensación de que no debía abandonar la "seguridad" de la cocina. Sabía que tendría que salir tarde o temprano pero igual decidí posponerlo cuánto pudiera. Ingerí como rata mal alimentada los frijoles fríos del interior de la lata. Tenía las manos manchadas de púrpura; parecía pintura. Busqué algún líquido que pasar por mi garganta que quemaba. Finalmente descubrí un poco de leche a punto de alcanzar su día de expiración. La bebí, y mientras corría aún fresca por mi garganta rasposa me di cuenta de un dolor caliente en la parte posterior del brazo derecho: tenía un arañazo, un rasguño amplio e insistente. Luego me que…

Monosílabos cantantes

Hoy te ví ir con tu gris faz. Sí, no me das ya tu haz de luz. Y sin ver ya tu tez, te he de oír de más allá o tal vez en …

En algún paraje que no he visto

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La bicicleta empezó a estorbarme y la dejé a un costado. Sólo entonces me percaté de que el camino era una franja gruesa y alta de paja. El cuello de la camisa también comenzó a obstaculizarme la respiración. Para ahorrar movimientos me quité la camisa por completo. Le di un mejor uso como almohada. Tomé un puño de paja que se alejó pronto de mi mano llevado por el viento. No iba a permitirlo. Tomé otro puñado y me lo metí a la boca. Mientras masticaba complacido te apareciste. Te veías diferente. La luz de tu rostro seguramente titubeaba en su camino desde allá arriba hasta acá abajo. -¿Cuándo piensas bajar, eh? -No lo sé. Prefiero quedarme en donde el aire no me aplasta los pulmones. A mayor altura, menos disgustos. Pero finalmente te sentaste apoyando la espalda contra la gruesa lámina de paja del camino. Vimos la vida pasar...durante unos momentos, sin decir palabra y dejando que nuestro silencio hablara por nosotros. Tal silencio a veces entablaba conversación con el viento, pero éste desis…