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Mostrando entradas de mayo, 2012

El Bosque de La Primavera

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Un día decidimos ir a pasear al Bosque La Primavera, en Zapopan, Jalisco...o lo que queda de él. Indiscriminadamente se permiten las quemas de tierras aledañas a la reserva, mismas que casi por regla general se salen de control y terminan en dolor público (pulmonar y de conciencia), reproches, chivos expiatorios y nuevas lágrimas carbonizadas a lo poco. Aquí hago un pequeñísimo, mísero homenaje a tan noble ecosistema, recientemente reducido en parte a cenizas por intensos incendios. Este Señor está aquí desde antes que la mancha urbana y esperemos pueda sobrevivirla...Sin La Primavera, la ciudad se condenará a la asifixia, la sequía y el predominio del gris. Esperamos desde lo más profundo del estómago que este no se convierta pronto (¡jamás!) en un homenaje póstumo o documento histórico de lo que algún día fue tan señorial, noble y bello paisaje. ¡Cuídenlo, chingado!



















Radiofonías

Su interlocutor, o más bien el tipo cuyos soliloquios algunos gustar de escrudriñar (yo) tuvo la oportunidad de ladrar un par de textos de este botadero en una cabina de radio. El programa que sacó la rifa del tigre es Luvina Joven que se escucha a través de la señal de Radio UdG 104.3 fm. Su descripción en la págin de Radio UdG dice algo así:
Luvina, la revista literaria de la Universidad de Guadalajara, y Red U de G radio presentan: LUVINA JOVEN Poemas, cuentos, pensamientos, aventuras. En voz de los alumnos de las preparatorias de la Universidad de Guadalajara Estudiantes de la carrera de Letras, con el apoyo de Luvina, dan talleres de literatura en las preparatorias. Aquí las voces de los escritores jóvenes, sus pensamientos y su imaginación literaria. Una estación auditiva más de Luvina, la revista literaria de la Universidad de Guadalajara. En este caso un preámbulo largo no es favorable, así que me limito a dejarles el link del podcast, donde podrán escuchar la burda voz de su…

Amante

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Disertaciones sobre materia y antimateria I

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La magnificencia de lo divino, lo intangible, adquiere proporciones titánicas al ser traducido por las manos humanas que buscan inconscientemente aprisionar algún dejo del aliento celeste en la madera, la piedra, el aceite o el oro con que elaboran sus ofrendas.
Al realizar la ofrenda, el hombre no repara en que esa misma inspíración divina que yace en su mente (ya sea real o fabricada, intuida e imaginada) hace trascender el objeto que en sus manos forja y lo eleva al rango de objeto sagrado. Un término por demás polémico, del que me gusta pensar en cómo, la sola intención, el fervor y la mente convierten un simple madero, tierra de colores o el aire en el estómago en percepciones, etéreas pero reales, de la sustancia divina (por paradójico que parezca, se trata de una sustancia inmaterial, por supuesto).