Disertaciones sobre materia y antimateria I

La magnificencia de lo divino, lo intangible, adquiere proporciones titánicas al ser traducido por las manos humanas que buscan inconscientemente aprisionar algún dejo del aliento celeste en la madera, la piedra, el aceite o el oro con que elaboran sus ofrendas.
Al realizar la ofrenda, el hombre no repara en que esa misma inspíración divina que yace en su mente (ya sea real o fabricada, intuida e imaginada) hace trascender el objeto que en sus manos forja y lo eleva al rango de objeto sagrado. Un término por demás polémico, del que me gusta pensar en cómo, la sola intención, el fervor y la mente convierten un simple madero, tierra de colores o el aire en el estómago en percepciones, etéreas pero reales, de la sustancia divina (por paradójico que parezca, se trata de una sustancia inmaterial, por supuesto).

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