La hora

Yo peco.
Peco de verte mucho.
Peco de imaginarte y de verte demasiado,
mujer de mi prójimo
y mujer de  nadie.


Curioseo
entre los contenidos
de tu caja hospitalaria.
Esa en que se resguardan
no tus deseos sino los míos,
secuestrados ahí
por tu tímida condescendencia,
por tu atrevimiento inocente.


[Por tu sexo insinuado en el aire]


Atrapa
tu estática corporal
lo que de mí se desprende:
sudor y células muertas,
el líquido divino de mis suprarrenales.


Gira
una sombra danzante a tus pies
que conduce mi mirada
por tu cuerpo vibrante y ansioso.

Esa materia tuya
que de lejos me quema
y de cerca (imagino)
consume en una luz roja
mi cuerpo de polilla ciega
ávido,
febril,
insistente.

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