El Demonio de la Lujuria

¡Asmodeo! ¡Que nos hagamos y nos deshagamos según tu voluntad!
Consúmase en el fuego azul toda mi conciencia.
Déjame calcinar
Blanquearás mis huesos con la brasa de tu lengua

Siente cómo me materializo detrás de ti
Siente mis dedos de humo sujetándote por los hombros
los brazos
tus caderas
Por encima de la sábana que comienza a achicharrarse
Que comienza a exponer a mis dedos rojos tu piel
palpitante
a punto de gritar
tu piel bajo una tensión casi eléctrica
el aire se llena de chispas

Como nieve, comienzan a revolotear las luciérnagas de fuego
ascuas que se arremolinan a nuestro al rededor
El crepitar del colchón
El cántico de tu cuerpo que me invoca
El humo que brota de las fosas nasales
De la boca
Miles de voces que se unen al cántico
Coro de almas perdidas
Muertos en un orgasmo infernal
y glorioso
y helado
e infernal

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