Mezcal

A veces el Tiempo (con mayúscula) no más no camina. Se toma su tiempo (sin mayúscula) como lo hace el mezcal en la sangre.
A veces la desesperación carcome la médula y deja hueca la razón.
Ese trago lento de caldo destilado, luego de parecer manso, lo manda a uno derechito al suelo.
Y a veces lo manda a uno al cielo. Entre las nubes etilicas que circundan las caderas femeninas.  Entre un par de muslos bien tiernos gracias a las últimas lluvias.
A veces la soledad nos convierte en los peores profetas. En los mejores perdedores en una tierra llena de disonancia, jolgorio, muerte y agua.
Todo al unísono.  Como canto de trombón embriagado.
A veces se eleva el espíritu, como en un cliché snob, entre vapores de amargo, de aguardiente, y entre el aliento hipnótico que emerge de entre los labios supuestos de la boca de la botella.

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