El País de las Nubes

Pues ya había puesto yo la mente en blanco. Ya había sacado mi vida de la maleta y la había regado por la habitación. Como me gusta. Ya había captado el movimiento del aire y el sol, la danza de la Vía Láctea aquí en el país de las nubes.
¿Cómo podría no hablar de ciclos, de no-coincidencias, de señales obvias y momentos de ruptura y continuación?
Llega mi cumpleaños. Los días corren rápido. Festejo adelantado, el mejor de mi vida, creo. Nace una adicción peligrosa. Me dejo atrapar entre los dedos de la corriente. Me entrego al reverberar de las campanas del templo de Santiago.
Los enfrentamientos a mediodía, verdaderas batallas campales que tenían como objetivo el evitar pagar la correspondiente Coca-Cola® bien fría,para reponer los carbohidratos quemados bajo el sol mixteco (siempre que no estuviera nublado, claro).
En esta bitácora no me despido de nada ni nadie. Digo "hasta muy pronto" a esta región tan bella del pinche país chingón y también chingado en que me tocó nacer. Ahora sólo queda recorrer el camino, de nuevo.
Siguiente estación.
Paso a desnivel.
Recubrimientos de nostalgia, cariño y destilados varios.
Los dedos atareados con las tortillas de trigo.
Gigantes.
El quesillo fundiéndose con el hijo de la mala mujer. Tan deliciosos ellos.
Este fue un viaje por el tiempo. Por mis entrañas y por mis sentidos.
El gusto se deleitó.
El olfato renació.
La vista enmudeció.
El tacto enloqueció.
El oído se expandió.
Llega mi cumpleaños, la gente se me revela bajo otra luz, y justo después este primer acercamiento al país de las nubes debo partir. Pero para un día no tan lejano volver. Lo sé y ya.
Dejo aquí nada. Me llevo todo lo que puedo. Y lo que no también.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Prédica dominical de lunes por la tarde

La maldición de decidir

Labios de grana