'La Resistencia' de Ernesto Sabato

Recién me regaló una persona importantísima en mi vida el libro de 'La Resistencia' del inigualable e inalcanzable Ernesto Sabato, uno de mis SERES favoritos. Pese a que, claro, no tuve el honor de conocerle físicamente. Esto no importa en realidad ya que le conozco a través de sus libros, y es el único que ha llegado a conmoverme en serio, hasta la médula.
Acabo de terminar el libro, y siento que existe tanta sabiduría y advertencia real en él que creo que sacaré de él varios extractos para ponerlos en este espacio y que lleguen a un poco más de gente. Incluso si se trata de una cita de medio renglón, puede cambiar su visión de las cosas.
Por ahora, de entre todas las cosas que quise anotar, transcribir, extraer mientras leía, atiné a guardar ésta debido a que es de las más extensas y siento que resume bien esta parte del libro que esta dividido en 5 cartas que el Maestro argentino dirige a sus lectores.
En el libro, Sabato advierte sobre el vértigo de la vida de hoy, el vacío de las mentes causado por la televisión y el enajenamiento. Alza la voz sobre el peligro mortal de la desintegración de las comunidades en pequeñas y miles de voluntades individuales y egoístas. Acusa el que hoy nos abandonemos a la contemplación vacía del mundo a través de la pantalla, perdiéndonos del verdadero espectáculo y sensaciones que ofrece la vida. 
Siendo así un documento fundamental para este borde en que vivimos, les comparto que Sabato ha tenido la facultad de var a mi vida vuelcos irreconciliables y me ha abierto los ojos a tantas cosas como ningún psicólogo o terapeuta habría podido en años. 
A él, allá donde esté, todos mis repestos y todo el honor que tan humano pensador y profeta merece. Honor y respeto.
"Me acuerdo de algo que había dicho Bruno: siempre es terrible ver a un hombre que se cree absoluta y seguramente solo, pues hay en él algo trágico, quizá hasta de sagrado, y a la vez de horrendo y vergonzoso. Siempre, decía Bruno, llevamos una máscara, que nunca es la misma sino que cambia para cada uno de los lugares que tenemos asignados en la vida: la del profesor, la del amante, la del intelectual, la del héroe, la del hermano cariñoso. Pero ¿qué máscara nos ponemos o qué máscara nos queda cuando estamos en soledad, cuando creemos que nadie, nadie, nos observa, nos controla, nos escucha, nos exige, nos suplica, nos intima, nos ataca? Acaso el carácter sagrado de ese instante se deba a que el hombre está entonces frente a la Divinidad, o por lo menos ante su propia e implacable conciencia."
En la tercera carta, 'Entre el bien y el mal'

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