¿Será?

Escucho música furiosa. Pego baquetazos al aire y lo hago retumbar en mi cabeza.
Mi ser lleno de endorfinas y demás drogas aún legales y de producción autosustentable en el cerebro.
Y recuerdo (y siento todavía los halos) del placer intenso de hace horas, antes de correr media ciudad, sin aliento pero con una fuerza que me asustó.

Me veo mientras yacía en el bosque, jadeando extenuado, y cómo la visión de mi propio futuro vino a mi casi como si lo pidiera y a la vez se lo impidiera (¡oh, sí!). Me vi recostado igual, rodeado de otra piel y consumido por un fuego igual de intenso pero distinto. 
Pero sobre todo: A varios miles de kilómetros de aquí.

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