«Los enamoramientos» de Javier Marías (reseña) (micro ensayo)


Para no dejar que la lista de libros que he leído aumente, y con ello la cantidad de reseñas que en teoría tendría que hacer, aquí les dejo una breve reseña de Los enamoramientos del español Javier Marías (quien, además de todo lo suyo, tiene una columna en El País que me gusta visitar de vez en cuando, justo acá). Esta entrada del blog, como las anteriores y las que vendrán, son todas mi punto de vista de las cosas. Así que, más que ser una reseña como tal, se trata de las impresiones que la obra me ha dejado y, sobre todo, un ejercicio que hago para rememorar y diseccionar lo que leo, con el fin de comprenderlo y recordarlo mejor en el futuro.

Introducción


Además nada pasa del todo, ahí están los sueños,
los muertos se nos aparecen en ellos y los vivos se nos mueren a veces - Pág. 46

No deja de parecerme curioso que esta obra de Javier Marías se titule Los enamoramientos cuando, a mi parecer, en tres de sus cuartas partes habla de la muerte. La muerte, de hecho, parece ser el tema central de la obra en torno a la cual giran otros temas, si bien profundos y humanos, secundarios en cuanto a las preocupaciones de nuestra protagonista, y, al parecer, de aquellos que la rodean —la mayoría a cierta distancia—. Claro que se habla de amor, del proceso, del sube y baja de emociones y anhelos que conlleva. Pero incluso éstos —normalmente los encargados de dirigir las obras de ficción y multimedia—, quedan relegados, o mejor, son vistos al rebotar primero en el espejo de la muerte.

La novela conectó conmigo en buena medida por lo que detecté como una especie de hilo conductor con el que suelo coincidir; pruebas de ello sobran en este blog. Me refiero a que los profundos pensamientos que se van hilando en la mente de la protagonista, no sólo son muy naturales, muy humanos, muy coherentes con lo que resulta ser mi forma de pensar, sino que son, como creo que somos los humanos, enormemente ambivalentes. Una situación, por simple que sea, puede llevarnos a proceder de manera opuesta de tal forma que, en lugar de resolver la situación, la empeoramos sin saberlo y luego nos revolcamos en nuestra miseria y mala suerte. Yo me apunto en esta parte, sobre todo en su vertiente social.

Desarrollo

Las ideas de la muerte y el amor han ido siempre de la mano, sobre todo en las obras del lenguaje y la narrativa. En este caso Marías aborda los mismos conceptos desde afuera, en especial el de la muerte. Se habla no tanto del horror, el miedo o la ansiedad que la idea de la muerte le puede provocar a uno, sino que habla del mundo después de la muerte del otro: el dolor que le deja la partida del padre a una familia, la confusión que genera a sus allegados, la depresión infinita de la cónyuge. Y luego el hilo se sale de la trama, de forma tan natural como pensamos usted y yo, y nos permite imaginar los siguientes pasos que, aunque los conocemos o entendemos que existen, nos parecen raros al ser expuestos tan clara y fríamente por el autor: hasta la pareja más dolida y enamorada, pasado un buen tiempo de la viudez, no sólo puede, sino debe buscar seguir con su vida. Los recuerdos permanecerán pero, insisto con lo natural del asunto, se irán diluyendo con el tiempo: algunos rasgos de los muertos se van, los que quedan los enfatizamos, la imagen que nos queda se aleja de lo que el vivo fue cuando aún respiraba y a nosotros nos quedan piezas que con el tiempo se pierden y dejan más incompleto el rompecabezas. La llegada de nuevos pretendientes, una segunda vida después de que la que uno se había forjado termina de pronto, lo trágico de las muertes súbitas y sobre todo, las ideas que uno se hace de la gente que apenas conoció en vida y que crecen o se deforman con la muerte. Luego uno como lector, comienza a pensar en el mundo después de la propia defunción. No es bonito, pero es la intención del arte, de la creación: incomodar, mover y hacer pensar.

Los personajes no tienen tapujos en explicar los movimientos tan erráticos del pensamiento humano, incluso cuando los presentan de manera ordenada. Su naturaleza y las circunstancias los traicionan. Sobre todo la primera: recordando lo que decía sobre la ambivalencia, Los enamoramientos están llenos de ambivalencias dolorosamente humanas. El deseo puede atraer al amor, a veces este pensamiento genera la acción contraria, buscar ser rechazado; a veces al revés, el deseo lleva al amor y por ende al rechazo del otro. El desinterés lleva al autoengaño y la muerte atrae al amor de otros cuando se desocupa un lugar que ya se creía perdido. En fin, todas esas cosas que hacemos en reacción a algo y que terminan siendo reflejos opuestos de lo que deberíamos hacer se ven descritos en esta novela, aunque casi nunca como reflejos inconscientes. Los personajes de Marías parecen estar eternamente conscientes de los desvaríos de sus consciencias y, en la mayoría de los casos, parecen aceptarlos, cosa que difiere muchísimo del hacer inconsciente y autómata.

Conclusión

Se trata de una obra sumamente recomendable. La trama parece de lo más sencilla pero no deja de enredarnos para hacer que nos quedemos y así ver el cómo y el por qué. Pero lo verdaderamente rico son los mundos interiores de estas personas que son como nosotros y son tan naturales en sus pasiones, en sus deseos y en sus miedos. Es de los pocos libros que he leído recientemente que puedo decir que "devoré" intrigado y con ganas de seguir adelante.

Ahora que termino esta reseña creo comprender porque la mayoría de las ediciones tienen la misma imagen de portada, misma que muestro al inicio de este post —y que tomé de aquí—: los personajes, vivos, muertos, parlanchines, pensantes, cercanos o distantes, no son más que reflejos aumentados de las emociones humanas, con todas sus contrariedades, insensateces y pasiones.

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