Ser un hombre

¿Qué carajos es ser un hombre?
¿Cómo se es un hombre en el siglo XXI, en el Tercer Milenio?
¿Qué se espera de uno como hombre? ¿Qué se espera que uno NO espere o no deba esperar del mundo mientras se es hombre?

Es un concepto de lo más contradictorio y que no deja de aparecérseme constantemente. Tanto a raíz de la situación mundial actual —racismo, machismo, feminismo, feminazismo, crímenes de odio, legitimación entre razas y dentro de las mismas, identidad, globalización, uf y etcétera— como de los «pequeños problemas» de la tribu nacional en que nací y me he criado.

Porque una cosa es ser hombre global en el siglo XXI y otra, a su vez similar y diametralmente opuesta, ser hombre en México en el siglo XXI.

Creo yo que en términos globales se pretende que el hombre lo sea todo sin ser nada a la vez. Vamos, sin cargarse a uno u otro lado de la balanza. O al menos esto parecen pedir/exigir las supuestas sociedades avanzadas: que seas caballeroso, pero no misógino y menos condescendiente, que seas un galán pero no un patán poligámico, que seas el soporte de tu familia pero no excluyas la posibilidad de que tu mujer —no en el sentido de pertenencia ¡No me maten, por Dios!— también lo sea, contigo o hasta en vez de ti.

En México hay menos filtros, menos colchones para las colisiones, y por eso, aunque los espectros sean similares, se tiende encabronadamente a irse a los extremos: si eres hombre tienes que ser el #machoalfalomoplateadopeloenpecho blablablá y puntos suspensivos, si no lo eres entonces puedes convertirte súbitamente en el #maricónmuerdealmohadaspocohombre al que le hace agua la canoa y otro larguísimo etcétera. Pero ¡alto!, que hasta entre homosexuales, dice la banda, hay clases. No hay peor espécimen —para el mexicano a su vez tachado de «closetero» o reprimido— que el pasivo, «al que le dan por Detroit», el dominado. Así que está el gay gay y el gay macho...Sí, los mexicanos se complican mucho la vida.
Además, a esto se suma que, culturalmente, se trata de un espejo frente a otro. La imagen y el ángulo se repiten infinitamente con mínimas variables y el abanico no acaba nunca de abrirse: si eres hombre y tienes muchas mujeres, eres el más hombre de los hombres, aunque también te haga eso un poco hombre patán al que sus amigos, que no concuerden, pueden tener en su pensamiento como el «pito chico que cree que por tener muchas compensa que se viene en 35 segundos». A la vez el que es fiel puede vivir tildado de ser el pendejo que se está perdiendo de lo mejor de la fiesta, cuando en realidad es el que, por ejemplo, puede vivir con su compañera y en una semana haber tenido más sesiones de sexo, más orgasmos regalados y recibidos, y conocer mejor las numerosas variables infinitas del experimento, el ángulo de penetración, el ritmo, lo diez mil resultados posibles y las nuevas líneas de investigación que ello conlleva en materia de sexo.

En pocas palabras: México es de por sí contradictorio, ya se sabe y aquí también se ve.

Pero más allá de nacionalismos o globalización. ¿Cómo chingados se es hombre?
¿Siendo caballero? Uf, aguas con la friendzone, porque obviamente eres un perdedor utilizado por las féminas.
¿Siendo un patán? En lo estadístico puede que esté arriba en la lista imaginaria de «Requisitos para ser hombre». ¿Y por qué? Porque por alguna razón las mujeres buscan al patán. Perdónenme, pero es un hecho, repito, de estadísticas abrumadoras. Cosa que espero que cambie si quieren redimir a su sexo —por su propio bienestar, de veras, lo espero—. Pero aún así. Un hombre debería buscar más que el mayor número de mujeres desechables —o que lo desechen como también pasa—.
¿La rudeza? Bueno, si se es Vladimir Putin y se monta un oso, sin traer camisa puesta y con una AK.47, probablemente muchos digamos «eso debe ser lo más cercano a un HOMBRE con mayúsculas. Si no, ¿qué o quién lo es?» Tristemente el meme no es la realidad pero refleja la imagen que se tiene de semejante personaje.
¿Será eso entonces? La imagen que tienen los demás de uno como hombre. Pfff, nada más efímero y cambiante. Aunque justo de ahí nos viene la creencia de que se «debe ser cierto tipo de hombre».

Para mí es tan hombre el homosexual no notorio, como la loca, como el macho, como el introvertido, como el fiel, como el galán. El problema es que siendo tan diferentes no atinaría yo a decir qué nos une, en la médula, entre todas las sociedades y sus estratos. O mejor dicho QUÉ DEBERÍA ser el factor común. Porque en la práctica, en la realidad, seguro el ser humanos y por ende ser idiotas, destructores, impulsivos, pensantes, creadores, contradictorios y todo lo demás, es obvio que entraría en la fórmula. Pero en ese rango somos humanos hombres y mujeres, de la raza que seamos.

Entonces, ¿qué hace al hombre ser hombre?

Creo que debí aclarar desde el principio que no pensaba responder a las preguntas.
Si eso estabas esperando al final del texto, lamento decepcionarte.
Tal vez no fui suficientemente hombre para advertirte.
O lo suficiente como para engañarte.

¿Lo sabes?



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