De los meses pletóricos

He estado fuera mucho tiempo.
No sólo mi vomitorio virtual se ha llenado de polvo y deyecciones de mosca. Literalmente he estado viviendo allá afuera por mucho tiempo.
Fue este, o al menos desde mi último arañazo en esta pizarra, un año pletórico. Ha sido, también, un año jesuítico, de caminos que llevan desde las capitales hasta los rincones del mundo, de veredas que algunos "locos" trazaron en el pasado y se extienden hasta el futuro a través de nuestro presente.
Estoy de regreso y la espera (o más bien la constante huída) se debe a que vengo aún salpicado de pasado, con arena en las orejas, con un poco de mar en los poros, con plegarias pegadizas y con demonios iluminados por centurias de fiesta y jolgorio.
No ha sido fácil. Esta vez la carne me desfallecía y mi transe se agudizaba debido a la lejanía, a la ausencia de mi bruja, de mi curandera, de mi doctora y paciente a la vez.
En fin, reflexiones de este talante las dejaré para cuando finalice el año en curso. Ahora toca afinar los tambores a las brasas, disponer el fogón y pagar bien a los músicos porque la fiesta (buena o mala, puesto que ninguna opción es promesa que yo les haya hecho alguna vez y menos en vías de cumplirla) se reaunda con esta entrada.
La arteria letrada no deja de palpitarme en las muñecas y en las axilas y, junto a mi reciente reenviciamiento lector, no hacen más que avivar las ascuas de mi escritura que permanecieron, desde febrero, suspendidas en un aire sin procedencia ni destino, estático.
¡Aleluya, el Demonio regresó!

Comentarios

  1. Muajajajaja buen retorno, VENGAN A NOSOTROS LOS CANTOS DE LAS BRUJAS, EL CARNAVAL.

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