Fe de ratas

La fe consiste en clavarse un hierro hirviente y tener la certeza de que uno llegará a dónde uno buscaba.
Fe es contar con que las manos ávidas de alguien algun día nos interceptarán en una de nuestras miles de caídas.
Fe es el regocijo insulso de quien nada teme, nada quiere, nada promete ni nada pretende.
Fe es el descanso pleno del alma en la certeza de que nada se puede contra el designio invisible.
Mi fe está flaca y desnutrida. No me sirve para mucho y más bien le tengo sentada en la orilla de la cama viendo pasar las horas, los huesos y las dudas que se acumulan a su alrededor en el cuarto.
El barco que da tumbos en la tempestad ¿tiene fe de no naufragar o tiene su esperanza fija en el lecho marino?
Mis intenciones para contigo son claras. No intento engañarte, ni lo he intentado antes. Es sólo que no atino a conducirme entre tantas ráfagas y calmas. No reconozco el terreno como mío, aunque lo fuere. No encuentro pisadas ni olores que me lleven a mi zona de confort.
Pero es precisamente allá lejos del confort donde la magia, las serpientes marinas y sobre todo las sirenas comehombres, habitan en una sopa revuelta de males y dichas.
Hay, pues, que saltar del bote que zozobra y abrazarnos a la espuma ascendente, a las burbujas...encerrarse en el oxígeno fugaz que se escapa entre los dedos. Y tener fe.

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