De música y artritis

Canto y canto...tus pechos blancos ya no me devuelven el eco con la voz de tu latir
Mi cerebro artrítico gorgorea mientras el público sordo busca a tientas el interruptor que acabe la función. Sentados, al acecho, los ojos de miles de ellos se clavan en mi pecho desnudo. En el doloroso ángulo en que comienza a rigidizarse mi cuerpo.
Las manos parecen tocar frenéticas un instrumento de forma imposible y sonido horroroso. ¡Esperen! El sonido viene del retorcido oficiante. La calva sudorosa se sacude y empieza a mostrar las venas. 
Pronto el público irrumpe en ovaciones exageradas, grotescas...los aplausos son como eructos. 

La música se detiene, el orquestante se desploma, la muchedumbre se agacha como esperando una colisión. 
La luz del teatro se apaga y comienza el pálido músico a levantarse, inclinándose en una reverencia. Siente cómo lo empapan las lágrimas del público conmovido.

Ese día se reportaron 17 muertos.

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