«Un Mundo Feliz» (Brave New World) de Aldous Huxley

Hoy estreno un nuevo tipo de timbre postal: la reseñita pedorrona.
Sí. Decidí que, como ejercicio para mí mismo (mi memoria apesta y mi capacidad de síntesis y apropiación podrían ser bastante mejores) elaboraré una brevísima reseña de los libros que vaya leyendo o en todo caso mi sincera opinión al respecto. Algo campechano pues.
Para inaugurar esta sección, localizable para su futuro horror bajo la etiqueta «Reséñamesta», tenemos al celebérrimo «Un Mundo Feliz» del buenazo de Huxley. ¿Por qué? Porque justo hoy terminé de leerlo, y antes de que revuelva sabores en mi mente comenzando el siguiente libro, quiero dejar en este rinconcito, bien guardadas, las migas que de él aún tengo frescas en la barba.
Así que, a darle.

Primero que nada: Me gustó. Me gustó bastante. Me encantan los futuros imaginarios ya sean utópicos o distópicos. Éste en particular lo pondría en el caso utópico, porque, pues, ¡vaya! el mundo es perfecto y todos son felices y tienen orgías y drogas y hasta el más idiota parásito sirve de algo y está feliz de que sea así.
Sí, gente apreciable y de buenas o medianas costumbres que leen por algún error o triquiñuela de la red este blog infraliterario, yo apoyo o mejor dicho concuerdo con los postulados del mundo feliz de Huxley.
Y el por qué lo proporciona sin quererlo el malogrado protagonista, John el Salvaje. ¿Cómo? Sencillo. Todos los argumentos que presenta desde su aparición en el relato, con los cuales según pretende legitimar o justificar el modo de vida que, en todo caso ni él conoció realmente y que más bien corresponde al nuestro propio, son precisamente los argumentos con los que yo daría por fallido nuestro Estado de Cosas, nuestro estilo de vida. Claro, digo esto viéndolo, como suelo, desde la perspectiva global, objetiva, impersonal y sobre todo práctica del sostenimiento del mundo, de la trascendencia o meramente supervivencia de la especie en equilibrio con el mundo y dentro de cada grupo social.
En pocas palabras, sí, el Salvaje constituyó para mí una vocecilla molesta como de vieja rata de sacristía, esgrimiendo sentimentalismos anticuados para justificar partes de lo peor de la humanidad. ¡Vamos! Que propiamente dice que prefiere que haya guerra, muerte, hambre, miseria, celos, dolor, enfermedades siempre y cuando haya poesía, amores de esos que arrancan entrañas, belleza y un dios. ¡Por favor!
No, no, no y no. Mi más grande duda sería saber si Huxley pretendía que el Salvaje fuera el defensor de las cosas más importantes de la vida o, por el contrario, encarnara a la muchedumbre sentimentalista que no puede concebir un progreso en el que haya que hacerse sacrificios.
No se me malentienda. No es que quiera de plano un mundo así. Porque ciertamente la falta de individualismo, y sobre todo la carencia de elección del nicho que se quiere ocupar en la vida no me parecen para nada agradables, si me las vinieran a imponer como modo de vida. Sin embargo, y aquí hágase notar un gran énfasis, como especie que ha probado cíclicamente su ineficacia, su estupidez, su crueldad y su falta de respeto por el mundo y por sí misma, creo que la opción, en caso de seguir existiendo, sería incorporarnos a regímenes que no dañaran de más el ambiente, y sobre todo, que dejaran de generar la miseria desmedida e inhumana, LA SOBRE-PRODUCCIÓN INÚTIL Y ESTÚPIDA DE HUMANOS QUE SÓLO VIENEN A ESTE MUNDO A SUFRIR, CREER QUE VIVEN Y ENGENDRAR MÁS ADEFESIOS FALTOS DE CEREBRO, FALTOS DE INICIATIVA, FALTOS DE ESPÍRITU PROPIO. Sí, adivinaron, soy bastante misántropo.

Gracias, finalmente, Huxley por sentar junto con otros las bases de la ciencia ficción y de taaaaantas historias de futuros tremendos, sobrecogedores y totalitarios. Gracias por gritarnos desde hace 83 años en dónde termina uno de los posibles caminos de la Humanidad actual. La historia en sí tiene sus bemoles, siendo en mi opinión el Salvaje uno de ellos, o al menos la historia del mismo cuando recién aparece, innecesariamente detallada y larga. El principio y el final me parecen soberbios en verdad y algunos personajes que pudieron haber crecido y significar más para este humilde lector, como Bernard (pendejazo pero complejo en construcción), se perfilaban como principales pero pronto quedaron sometidos a la sombra de ridiculez del Salvaje. En fin, que éste cabrón güero pseudohippiepachamama fan de Shakespeare me cayó gordo. De ahí en fuera, bravo y bien ahí, Aldo. ¡Bien ahí!

PS: Creo que, en buena medida, no tendríamos obras verdaderamente MAGNAS de la ficción especulativa como *se pone de pie con toda solemnidad* Oryx y Crake de Margaret Atwood. Veo bastante del ambiente y medios de este Brave New World en ésta y otras obras de alto pedorraje. 

Comentarios

  1. Hm, en mis entorpecidas y gordas ronda de lecturas, Un mundo feliz de Huxley sigue rodando, esto es que aún no lo termino, no he llegado ni a la mitad. Me asombra su visión tan aproximada a nuestra realidad, aunque nuestra realidad no sea tan extrema. Literariamente, su prosa no me parece ninguna joyita, es, como en muchos maestros de la ciencia ficción, llana. Pero admito que su trabajo en cuanto a construcción de universos utópicos es admirable y pilar de muchas otras ficciones. Te sale bien la reseñada.

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  2. Hm, en mis entorpecidas y gordas ronda de lecturas, Un mundo feliz de Huxley sigue rodando, esto es que aún no lo termino, no he llegado ni a la mitad. Me asombra su visión tan aproximada a nuestra realidad, aunque nuestra realidad no sea tan extrema. Literariamente, su prosa no me parece ninguna joyita, es, como en muchos maestros de la ciencia ficción, llana. Pero admito que su trabajo en cuanto a construcción de universos utópicos es admirable y pilar de muchas otras ficciones. Te sale bien la reseñada.

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