Bulimia

Hoy no quiere utilizar la primera persona del singular. Hoy no está dentro de "yo"...está indispuesto. Favor de llamarle más tarde.
Más bien ha decidido convertirse en un par de manos autómatas que cumplan sus caprichos: ya sea que los arrebaten, los toquen, los modelen, los destruyan. Casualmente el instinto se ve muchas veces reflejado en estos apéndices tan propios, y a veces tan ajenos e independientes.
Y mientras las manos (que ahora son su ser) se afanan sin objetivo claro, decide también aportarse un par de oídos. La música que las manos han creado accidentalmente, en el teclear, en el modelar el barro, en la percusión del cuerpo cálido que presiente ahí junto.
Y las manos y oídos, en conjunto han decidido hacerse de un par de ojos, porque se dan cuenta de que el espacio adyacente es vastísimo y las manos solas no lo abarcan, ni los oídos lo perciben en el eco de la música. Así, los ojos no sólo reconocieron el volumen incomprensible que les rodeaba, sino las obras que habían realizado las manos y cómo éstas danzaban con las melodías que brotaban y se iban saltando.
Hoy no es él, ni yo. Hoy es lo que el universo fuera de él le pide que sea. Hoy más bien se dedica a dar consecuencia ilógica e inmediata a los impulsos que el exterior le derrama encima a marejadas.
Es, podría decirse, un reflejo. El acto inconsciente y mecánico que da respuesta a un evento, con otro similar y opuesto. Que tras haber transcurrido y vuelto al silencio, no puede evitar terminar en que el sujeto, primero sólo manos, oídos y ojos, se cuestione su constitución, profundice en su localización, indague sobre su origen, recree el pasado e invente un futuro, ahora sí, hablando consigo mismo en primera persona del singular.

Comentarios

  1. A veces nos es tan obvio lo cercano, lo nuestro, que dejamos de verlo así...

    Me da la impresión de ser un poco surreal, pero a la vez cae en una realidad muy conocida. :)

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