«El héroe de las mil caras» de Joseph Campbell (reseña) (micro ensayo)



Introducción
No pretendo, ni por un momento, intentar explicar o ahondar en lo que se ha dicho ya sobre la obra del maestrazo Joseph Campbell. Por eso, como en mis otras reseñas pero con mayor énfasis, sólo hablaré de aquellas emociones y pensamientos que la lectura de este libro me generó y, sobre todo, aquellas ideas presentes en él que, curiosamente, yo tenía desde la adolescencia y que pude ver reflejadas ahí.
Si bien es cierto que recientemente se han señalado los problemas, limitaciones o inexactitudes del trabajo de Campbell —sobre todo las hoy cuestionadísimas fibras de psicoanálisis freudiano con las que se forma mucho del núcleo de su obra—, también es cierto que no deja de apuntar en una dirección tremendamente interesante y que, yo en lo personal, creo que sigue siendo una veta de conocimiento que no hemos hecho aflorar del todo.
Ni qué decir tengo sobre la importancia de la obra de este señor ya no sólo en áreas de historia, antropología y hasta psicología, sino como proveedor de formas que hoy son el pan diario de aquellos interesados en el arte antiguo de la narrativa.

Desarrollo
Debe ser desde la secundaria —si digo que desde que tengo recuerdo sería presuntuoso y falso— que comencé a generar en mi cabeza el montón de preguntas y argumentos que me llevarían mucho después a verdaderamente dejar de lado la práctica del catolicismo —otro día puedo escribir sobre qué y cómo es mi pensamiento religioso—.
Mi cerebro, curiosamente —ahí sí desde que tengo recuerdos— ha tendido a pensar de manera muy científica. Que hoy en día me dedique al arte y la historia y no a las ciencias duras es un fenómeno que todavía no termino de explicarme.
Estas dos formas de pensar, la cientificoide, más bien innata, y el creciente escepticismo religioso dieron como resultado muchas cosas, yo soy una de ellas. Y otra de ellas es que comencé a preguntarme por otras religiones, y sobre todo por las antiguas: ¿cómo podían decirnos que el catolicismo era la verdadera y única cuando tiene menos de dos mil años mientras que si tomamos a cualquier dios egipcio, éste pudo haber recibido alabanzas, oraciones devoción y sacrificio hasta por tres mil años? Ni hablar de las manifestaciones que hoy englobamos como shamánicas, muchas de las cuales siguen vivas hoy y fueron o tienen aún conexión con las primeras en surgir entre los incipientes humanos. Simplemente, Buda pasó por este mundo unos 500 a 600 años antes que Jesús de Nazareth.
Siempre sospeché que, por tanto, en el fondo, todas las religiones eran lo mismo pero habían surgido de hombres diferentes en diferentes tiempos y distintas partes del mundo, lo que les daba su multitud de apariencias.
Las respuestas a mis dudas religiosas no llegarían entonces...ni nunca, de hecho. Pero lo que sí encontré en el libro de Campbell —que leí apenas en 2018— fue una pintura general, un mosaico armado con las mitologías de numerosos pueblos del mundo y, principalmente, los puntos de coincidencia que todos los relatos demuestran entre sí.
Si hay cosas que me emocionan en la vida es encontrar que uno no estaba tan perdido como creía. Mi sospecha puberta de hilos conductores que podían encontrarse en una búsqueda general y sobre todo histórica se me rebeló como un instinto acertado en la obra de Campbell. El libro de que hablo aquí se centra, como sabrán muchos, en el famosísimo «viaje del héroe», propuesta de Campbell nada descabellada si bien reduccionista —por necesidad obvia— de las fases de la narrativa heroica de buena parte de las culturas del mundo.
Aunque debo admitir que el famoso diagrama del viaje, creo yo que queda en un segundo plano. A mi me capturó más el rico y colorido mosaico de deidades, panteones, hazañas heroicas, derrotas ancestrales y fines del mundo que presenta ante el lector. Es como un viaje relámpago por zonas desconocidas de los mitos del mundo y el reflejo que forma de los pueblos que les dieron voz y estructura.
Esta versión del diagrama del Viaje del Héroe la tomé de acá

Este libro hizo despertar nuevamente en mi el interés por estos temas. Interés que siempre estuvo ahí pero latente, se había disipado su hambre de saber más y comparar. Me comprobó que incluso las intuiciones de un adolescente pueden estar en el camino correcto y, sobre todo, hace entender que  hay cosas que nos conectan a todos los seres humanos y que, curiosamente, se manifiestan rodeadas de aquellas pequeñas decoraciones que nos hacen creer que somos tan disímiles e irreconciliables a veces. Nada más lejos de la verdad.

Conclusión
Si bien me queda claro que no es cierto que todos los mitos sean iguales, que todas las religiones se copiaron el discurso, sí me quedo con la noción de las tremendas similitudes cuando las hay y el impacto y delicia de las pequeñas diferencias y giros que cada cultura le da a su versión del universo, la vida y el papel del ser humano en el mundo.
Otra cosa que me queda clara y con la cual concuerdo con Campbell, es que la sociedad de hoy en día se enfrenta a problemas que antes no tenía o no presentaban el reto abrumador que son hoy: desconexión entre los grupos humanos, depresión, ansiedad, histeria colectiva, falta de vida en comunidad, la proliferación del individualismo y su versión económica, el capitalismo rampante.
Esto debido a la pérdida de los relatos formativos, morales y cosmogónicos que no sólo nos daban un lugar preciso en el mundo —a diferencia de hoy en día que muchos no sabemos quiénes somos, qué queremos y hacia dónde deberíamos ir—, nos daba una función, nos enseñaba a tratar a los demás conforme a la norma —sólo habría que hacer algo para no transmitir las nociones exacerbadamente machistas de la mayoría de los mitos— y, sobre todo, le daba un fin común al tejido humano, que se unía por metas compartidas y se protegía al interior y hacia el exterior.
Hoy en día el término lectura obligada está satanizado, abusado, y distorsionado. Yo no puedo obligar a nadie a hacer ni a leer nada. Pero sí puedo decir lo siguiente: Si yo fuera cualquiera de ustedes, me obligaría a leer este libro.
La imagen de encabezado la tomé de aquí

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