Eufuria y Coaholl

En la ráfaga fugaz fue que la muerte pálida se deshuesó
su sombra inerte, plana contra el piso alargado en dedos tristes de agonías ajenas.
Las patas flacas de su transporte moribundo
Las patas flacas del ciego testigo ocular

Otra día cae del árbol una piedra enredada en marañas verdes y leñosas
Su forma de cruz la hace clavarse en la tierra craquelada y vieja
La vieja que mira se escribe una cruz con tierra verde en la cara

Y de súbito una tormenta infernal
negra
eclipsa
devora
la luz y la calma y la vejez del aire de este desierto
Y el viento no sopla sino escupe y gruñe y grita
Y el viento patea como mula histérica
como navaja de hambruna y pandemia
como residuo de duelo sonámbulo al alba.

Si no había nada aquí
menos ha quedado ya
si es que es posible descender incluso bajo la ausencia
Y bajo la ausencia es que creo que sobreviven los restos y cimientos de la covacha
Y bajo la ausencia inerte y poderosa creo que vive
el aliento último, el candor de las brasas frías
Creo, sí, con lágrimas en los ojos
que bajo toneladas métricas de ausencia y dolor y asco
pueden vivir extremófilas forma de vida
ausencia viva
carne muerta
ojos blancos que miran
pieles que escuchan el susurro del agua en las entrañas del mundo
una cueva de ciegos
un mundo de ciegos ocultos de los ciegos en sus ciegas cabezas retráctiles.
Enceguecimiento gratuito para todas y todos
los que zozobren a la orilla del vendaval
del aguacero
del terremoto universal.


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