waarraragh

Entonces, ¿cómo es que quería decírmelo? Sí, es cierto. Su silencio varias veces me retumbó en el oido pero su mensaje era ambiguo y más bien tendiente a la paranoia. Bueno, ahora veo que en realidad de paranoia no había ni una pizca. 
No sé si maldecir o admirarme de la capacidad de mi inconsciente de casi preveer lo que la gente dirá o hará. Soy un idiota por no hacerle caso, y un necio por incluso acallar esa voz.
Sé que pronto tendré otro cisma. Ya están colocadas las estrellas en el tablero bícromo del cielo y se aproximan jugadas decisivas para la configuración de un nuevo yo. El resugrimiento duele como no tienen una idea, pero al final el calvario valdrá la pena. A esa certeza debo hincarle los dientes para no quebrarme.
¿Por qué no lo dijo antes, derecho y sin miramiento? Repito: si no quería decírmelo así, ¿entonces cómo? Miente. No decir nada, no aparecer ni tratar de hacer un esfuerzo por aparentar normalidad fueron su manera muy concienzuda (nada aprobada, por mi parte) de gritarme "Idiota, ¿no te das cuenta de lo que sucede?"
Lo peor no es el hecho per se. Lo malo es que con esto se derrumba mi esperanza de vivir algo que había añorado como un adicto en abstinencia durante tanto tiempo y que ahora parecía al alcance de las manos.
Me cortaron el flujo de agua cuando apenas me nacían los síntomas de deshidratación. 
NO. Lo peor es que en mí no sólo había una esperanza de que el encontronazo se diera. Cada vez lo ansiaba más y más. Comencé a idealizar todo el panorama, todos los detalles, cada ángulo de su cara, el olor que su cabello tendría ese día. 
MALDITO EL MOMENTO EN QUE ME ABRÍ DE ESTA FORMA A MISMO Y ME PREPARÉ MENTALMENTE PARA OFRECERME EN SACRIFICIO A ALGUIEN MÁS.
No encuentro una palabra lo suficientemente exacta para describir esta sensación que tengo. Este hoyo tremendo que siento en el estómago no es sólo hambre, lo juro. O no sólo un tipo de hambre. Lo qué sí sé es que es un tipo de hambre que parece que quedará insatisfecha. Jodido yo que recibí o creí leer promesas prontas de vital sustancia alimenticia.
En fin, quiero decirle tantas cosas, pero no sé si hacerlo. Podría caer en el reproche, en el berrinche, en la grosería. Pero tampoco quiero quedarme así como así. Estoy implementando nuevas políticas en mi vida y no hacer nada va contra estas supuestas reformas que ando queriendo instituir (hay que unirse a la moda de las reformas y los pleitos).
Algo bueno saldrá de esto...¿algo bueno saldrá de esto? Más vale, porque incluso decidí aceptar piedritas en mi zapato sureño con tal de que eso me asegurara en el banco del Karma que el encuentro explosivo se llevaría a cabo con fulgor cegador.
¡Que me lleve el carajo! ¡Necesito un algo líquido que me incendie la garganta y la cabeza! ¡No quiero pensar! ¡Quiero gritar y entregarme al desenfreno! ¡Quiero que me devuelvan lo que no tenía pero me han arrebatado!

Comentarios

Entradas populares de este blog

La maldición de decidir

Ser un hombre

La Gran Epifanía de la Nochevieja