Manipulación areática

Hay un par de sombras que, desde que sale el sol y hasta tiempo después que se ahoga, no dejan de proyectarse en mi muro. Son innombrables. La menor alusión acarrearía gran desgracia sobre emisor y receptor del mensaje.
Y aquí yo complicándome la vida con rimbombante lenguaje de grandilocuencia innecesaria cuando lo que quiero decir es que un par de gritos, unas cachetadas, un manotazo gentil de ahogado falso, imitar a un guajolote, en fin, cantar la canción muda de los embriagados en sudor ajeno parece ser hoy día mi más grande necesidad.

Eat me!

Comentarios

Entradas populares de este blog

La maldición de decidir

Prédica dominical de lunes por la tarde

Ser un hombre