El viejo camino


Estaba de pie mirando el atardecer que doraba el viejo camino que había recorrido sólo los dioses saben cuántas veces en sus incursiones diarias al mundo exterior, cuando vio salir de detrás de la esquina una silueta familiar.
Lo observaba con los ojos entrecerrados mientras pensaba para para sí: ¡Qué valor para volver aquí!
Entonces la silueta cobró la forma del recién despachado. Antes de que llegara a donde ella estaba contemplando el crepúsculo, ella se precipitó a la entrada de su casa y se quedó allí esperándolo con medio cuerpo fuera de su casa y la otra mitad tras la puerta.
-Sé que dijiste que...-comenzó él con tono nervioso pero no pudo terminar pues ella lo interrumpió bruscamente.
-Así que vuelves incluso sabiendo lo que te acabo de decir.- Dijo más afirmando que preguntando.
-Sí, así es.
-Te lo advertí.- Y dicho esto abrió totalmente la puerta dejando libre al enorme Doberman que se abalanzó sobre él.
Luego se asomó a la reja, sonriendo mientras veía a su perro y a aquel cretino dirigirse hacia el sol desfalleciente y hacia una larga, larga noche.

Comentarios

  1. El pequeño cuento que se ha escrito la noche de hoy, es sin duda uno más para la colección de usted, totalmente diferente e inovador en su repertorio. Debo decir que sin duda alguna me agradó bastante como cada uno de sus escritos. Más sin embargo, debo mencionar que le falta algo a la cena de hoy.

    ResponderEliminar
  2. Hombre, que acción la del perro. Un ataque inesperado.. jajaja, pensé que iba a salir otro individuo a golpearlo. Me dió mucha risa el perro que se fue contra él, una escena que mi mente creo de manera formidable XD.

    Sin duda debemos tener un perro que nos proteja de los forasteros... así cuando uno diga: "Te dije que ya no, chingada madre"... y no entiende, le avientas a tu perrito y cosa arreglada.

    ¿Quién dijo que los humanos no entendían a golpes...?

    ResponderEliminar
  3. Jaja, qué chido, se fue con el rabo entre las patas.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Prédica dominical de lunes por la tarde

La maldición de decidir

Labios de grana