Cada gota de sudor y sangre...

Cada nota que se arrastra por el aire trémulo del salón deja en su camino una estela de fantasmas incorpóreos como figuras que nacen del cigarro tirado en el suelo y a medio consumir. El baile se ha detenido pero la música prosigue terca y torpe; los antifaces cubren a los asistentes que retoman el baile con convulsiones y estertores. Los hombres se tiran entre arcadas y las mujeres arremeten contra los muros adornados ricamente con oro pálido y frágil. Todos continúan su danza cubiertos con todo el sudor que su cuerpo atina a producir. Y cuando la sal y el agua se han agotado, comienzan a exudar sangre por cada poro. Sangre viscosa como resina del árbol herido; sangre ardiente como plancha de hierro al sol infernal.

Y mientras tanto, al fondo del salón, tras una máscara burlona y terrorífica, te apareces, observando, degustando, dirigiendo la coreografía de los locos en el suelo. Y de entre la gabardina pesada que cubre tu cuerpo, sale tu mano amarilla y con la herida en el centro que semeja una boca ávida, dispuesta a saciarse con cada gota de sudor y sangre...

Comentarios

  1. Ya había leído esta entrada, no sé si tendría prisa o algo por el estilo pero hasta ahora noté la atmósfera barroca que cubre al microcuento de terror XD

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Prédica dominical de lunes por la tarde

La maldición de decidir

Labios de grana